Uno, dos, tres, cuatro…
Cinco, seis, siete y ocho…
Se pierde la cuenta cuando son tantos.
Cuando no conoces más que cargar tobos de agua.
Las estadísticas dan resultados. Cuánta gente se ha graduado, o cuántos tienen más de un idioma. Cuántos hay de cierto color y cuál es la minoría del otro. Siempre hay una medida que da un resultado.
En Estados Unidos, por ejemplo, en ocasiones miden con los precios de la Big Mac, la icónica hamburguesa del gigante de comida rápida que representa las cincuenta estrellas. El llamado primer mundo, mide en pulgadas y pies.; entonces
¿Cómo mide el supuesto tercer mundo?
Al parecer, en tobos de agua cargados.
Ana Corina Sosa Machado dio un discurso maravilloso el pasado 10 de diciembre de 2025 en Oslo, para recibir el Premio Nobel de la Paz en nombre de su madre. No le sobraron, ni le faltaron palabras; lo hizo en un inglés perfecto. Con una imagen elegante y sobria. El mundo entero se detuvo a escucharla. Países enteros se vieron reflejados en sus palabras.
La mayoría de los venezolanos nos vimos en ella, en una familia que se arriesga cada día para ser nuestra bandera en el mundo. Pero, hay un detalle, el mundo es bien grande.
Hay un sector, ese sector bendito que ya no tiene máscaras, que empezó a atacar.
Midieron su venezolanidad por el tono de su piel, por la forma de pronunciar el inglés y el corte elegante de su ropa. X, la tierra sin ley, se llenó de comentarios, “Nunca ha cargado dos tobos de agua en su vida”.
Separándola de forma arbitraria de una tierra a la cual tiene todo el derecho y por la que lucha a diario de la mano de su madre.
Miden la venezolanidad en función del trabajo forzado que nos ha hecho pasar la dictadura desde hace más de veinticinco años.
Yo tengo mi buena cantidad de tobos de agua cargados, pero también hablo inglés. Ah, pero soy morena, pero tengo tres carreras. Ah, pero es que soy de Cumaná. Entonces, ¿dónde entra mi perfil en esta venezolanidad de miseria que se crearon?
No solo se metieron en nuestros bolsillos para destruirlos, sino también en nuestro subconsciente para hacernos creer que mientras peor nos va, más venezolanos somos.
Pues no, el venezolano es María Corina Machado con su Nobel de la Paz. Es Baruj Benacerraf con su Nobel de Medicina. Es el Grammy de Rawayana. Es Luis Aparicio con los Dodgers. Son Edgard como Versace y María De Farías como la ingeniera en Superman. Es mi prima con sus medallas de oro en Judo. Es mi madre que formó a niños por más de 30 años. Eres tú que luchas cada día por ser mejor.
Venezuela es un mapa de colores que se mide por nuestros logros y resiliencia.
Venezuela no son los tobos de agua que hemos cargado.
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